
Lo primero que se puede decir de «El precio de la red», es que tiene un casting que es puro caviar. Jeremy Strong, Mikey Madison y Jeremy Allen White, se marcan tres señores papeles. Todo en una película escrita y dirigida por Aaron Sorkin. Lo cual se aprecia rápidamente, porque los diálogos son marca de la casa.
«El precio de la red» disecciona en varios actos, la polémica que hubo con Facebook. Y las acusaciones que se vertieron sobre ella, en relación a la manera, en la que no verificaba el contenido que se publicaba. El uso que se hacía de los algoritmos e ims. Y como siendo consciente, de que ciertas publicaciones/anuncios, tenían un contenido fraudulento, no se hacía nada para eliminarlos. Todo amparándose, en la libertad de expresión.
Volviendo al casting, los interacciones entre Frances Haugen y el periodista Jeff Horowitz, a quienes dan vida Mikey Madison y Jeremy Allen White, son uno de los puntos de los puntos fuertes de la película. La manera en que cada uno defiende sus intereses, las «dudas» de Frances, la manera de «picar piedra» de Jeff… Lástima que el personaje de Mark Zuckerberg, al que da vida Jeremy Strong, peque de demasiado peculiar. La caracterización muestra a un personaje lleno de tics, antisocial e incómodo en el trato. Pero lo hace exagerando mucho esas características. Incluso el lenguaje corporal que brinda Jeremy, siendo brillante, no creo que haga justicia a la realidad.
Sin duda alguna, el plato fuerte de la película, la escena que todo el mundo recordará, es la que hace referencia al ataque a cierto edificio muy famoso. Y como sin nombrar ni poner rostro a cierto personaje público, se consigue una tensión brutal sobre los efectos de lo que dicho personaje esta provocando. Es el momento cumbre de la interpretación de Jeremy Strong. Su rostro, su saber que sus convicciones, están siendo totalmente nefastas para la realidad del momento. Y aún así, sus esfuerzos para intentar mantenerlas, es visual y emocionalmente una maravilla.
El momento dorado de una película, que en ciertos momentos, se le puede hacer «indigesta» al espectador, cuando se pone demasiado técnicas. Hablando de vectores, algoritmos e ims, como si el espectador medio supiera de que demonios están hablando. Aunque finalmente se pueda entender todo, ese rato de «uff no entiendo…» no te lo quita nadie.
Es una buena película, con un mensaje final demoledor. Que deja claro lo manipulables que somos. Y como siendo conscientes de ello, seguimos dejando que nos manipulen. Ese % que dan duele. Duele mucho, deja al espectador reflexionando y pensativo. Creo sinceramente, que nadie salió de la sala, sin la sensación de ser manipulado.

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