
En un verano del 2026, marcado por los estrenos de «La Odisea» y «Spider-man: Un nuevo día», se agradecen propuestas como «El final de Oak Street». Que sin hacer mucho ruido, tiene todos los números para convertirse en una de las películas del año.
No estoy con esto diciendo que los títulos anteriormente nombrados, no sean películas de gran calidad, blockbusters en toda potencia. Pero a veces, el espectador, agradece que le sorprendan. Con películas que sin prometer nada, acaben aportando mucho.
«El final de Oak Street», está dirigida por David Robert Mitchell. Que ya tiene un prestigio por películas como «It follows» y Lo que esconde Silver Lake». Aquí, se pone muy juguetón, pensemos que el guión también le pertenece. Y se marca una de dinosaurios liándola en plena zona residencial.
Y teniendo a una familia, la familia Platt, luchando por sobrevivir ante tal dantesco panorama. Antes de que empiece el «festival», uno cree estar asistiendo a un drama matrimonial. Entre Denise y Greg, a los que dan vida una omnipresente Anne Hatthaway y un Ewan McGregor, que sin rozar al mismo nivel, está brillante. Lo de Hatthaway este año, a nivel películas, está siendo algo parecido a lo de Robert Pattinson. Proyecto tras proyecto y en ninguno palidece.
El drama antes comentado, sin ser nada novedoso, está perfectamente retratado. Y será incluso, en algún momento, cuando el «festival» ya esté en marcha, representado en algo tan sencillo como una inundación.
Poco tardará la película en meterse en faena. Tras unos minutos, que para el espectador que no tenga ni idea de que va la película, le invitan a pensar que está ante algo calmado, empezará lo bueno. Por bueno, me refiero a frenético, tanto visual como de guión. Que conste que el tema drama, me parece muy interesante, pero no hemos pagado una entrada para esto.
La hemos pagado, para ver como una familia intenta sobrevivir, en un escenario que de la noche a la mañana ha cambiado totalmente. Y si hay algo que agradecer a «El final de Oak Street», es que no es complaciente. Y hará reír al espectador, para luego aterrorizarlo sin ningún tipo de cargo de conciencia. Y todo esto, aliñado con la banda sonora, a cargo de un clásico como Michael Giacchino.
Para acabar desembocando en un final bastante inteligente. Que deja satisfecho a quien estas líneas escribe. La película se pasa volando y eso es buena señal. No es épica como «La Odisea», no es un espectáculo visual ni al servicio de los fans de Marvel, como puede ser «Spider-Man: Un nuevo día». Pero va a ser difícil, que alguien salga de la sala, pensando que ha perdido el tiempo.

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