
Reconozco que le tenía muchas ganas a «Pillion». Desde que supe que iba a pasar por el festival REC de Tarragona, empecé a salivar. Luego, desgraciadamente, no pude verla en dicho festival. Y con su pase limitado a pocas salas de cine, cuando se estrenó, pues tocaba esperar a las plataformas.
Así, que ya he podido saldar mis ganas. Así, de entrada, uno puede pensar en una especie de relación BDSM, con escenas subidas de tono y apuntes cómicos. También la presencia de Alexander Skarsgard, era un buen reclamo. El actor, miembro de una saga familiar reconocida en la industria del cine, había dejado un mal sabor de boca con «Infinity pool» y tocaba redimirse.
Y madre mía si se redime. Se marca uno de los papelones del año, injustamente ignorado en las temporadas de premios. Aunque debo decir, que si compañero de casting, Harry Melling, tampoco se queda atrás. La película se llevó premios importantes. Cannes y los British Independent Film Awards, entre otros certámenes, supieron valorar la historia que se nos presenta.
Y es que «Pillion», va mucho más allá de representar, con mayor o menor acierto, una relación de dominación. «Pillion», no trata sobre sobre el amor, lo hace más bien sobre la incapacidad de amar. La dominación se convierte en la única manera física y emocional, de dar rienda suelta a las emociones y sentimientos.
Y eso, lógicamente difícil de llevar, es la clave de todo. No es que el personaje de Ray, sea el dominante, es que no sabe dejarse llevar. Quizás por algún trauma pasado, quizás por su incapacidad emocional. En parte, esa incapacidad, me recuerda un poco al personaje de Brandon en «Shame». Su adicción al sexo, viene básicamente por su incapacidad de amar.
Y asusta ver, que quizás algo tan universal como la búsqueda del amor, sea un problema cuando lo tienes ante tus narices. Y asusta ver, como quizás uno pueda estar equivocado. Que la igualdad en una relación, quizás es lo que produce que no seas feliz con la misma. Es complicado de explicar, pero creo que el director Harry Lighton, sabe llevarnos perfectamente a ese tipo de relaciones, sentimientos.
Algo a simple vista, como ver a dos motoristas en la misma moto, es en este caso, un festival de metáforas brutal. Los primeros planos, mostrando las miradas, en el poco espacio que deja el casco, la manera de agarrarse al que lleva la moto… Visualmente es precioso, metafóricamente lo es más.
Entenderé, que haya gente que pueda pensar que las escenas de sexo, son demasiado explícitas. Pero es quizás esa crudeza, la que hace que la aparición de la debilidad y los problemas emocionales, brillen más cuando hacen acto de presencia.
En definitiva, «Pillion», entra sin pestañear, en el podio de lo mejor que llevo visto este 2026. Y tocará comprar «Box Hill», la novela en la que se se basa.

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