
80 años tiene Steven Spielberg. Lo suelto, así de entrada, porque a una edad en la que muchos grandes de la industria del cine, ya están retirados el sigue brillando como director. Y vuelve a tocar un género, del cual ya nos ofreció joyas como «A.I» y «La guerra de los mundos».
Con la colaboración del director de fotografía Janusz Kaminski y guión de David Koepp, Spielberg ofrece más de dos horas de brillantez visual. Las persecuciones, son pura adrenalina, disfrute total para el espectador. El director se toma su tiempo, son escenas intensas, pero cocinadas a fuego lento. Esto no es la saga «A todo gas». Y ni puñetera falta que le hace.
Pero más allá de lo visual, la película genera en el espectador, el debate sobre si la verdad tiene que salir siempre a la luz. O por el contrario, hay que calibrar las consecuencias de la misma. Es quizás, la ciencia ficción más reflexiva que haya podido ofrecer Spielberg. Muy pareja a «A.I», en el aspecto de hacer que el espectador le de al coco.
Toda estas reflexiones, surgirán una vez el espectador abandone la sala. Y haya disfrutado, de uno de los tramos finales más intensos que se puedan recordar. Eso sí, la escena final juega totalmente en contra de esa intensidad. Se comete el error de querer subir la apuesta, cuando la jugada era ya totalmente ganadora.
Y da rabia la verdad, porque todas las cartas habían sido ganadoras hasta ese momento. Sumemos a lo visual, a lo reflexivo, una Emily Blunt modo Oscar y la banda sonora de John Williams. Que a sus 90 y pico años, demuestra al igual que Spielberg, que la edad no quita las ganas de comerse el mundo.
La duda que ahora mismo se me plantea, es si su estreno a estas alturas, no jugará en su contra, cuando llegue la temporada de premios. Esperemos que no.

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