
Takashi Miike, viejo amigo del festival de Sitges, es ese director/artesano capaz tanto de llevar a la pantalla el manga «Terraformers», como de meterse en juicios y demás. Este es el caso, de una de sus dos propuestas para la edición del año 2025 del festival.
Y nos trae «Sham», película basada en un caso real, que versa sobre las acusaciones de un alumno hacia el trato racista/discriminatorio de su profesor. Y como los medios y las instituciones, toman partido sin plantearse realmente si las teorías en las que se basan son ciertas.
Takashi muestra perfectamente, esa cultura sumisa, de perdón, de no «rebelarse» a pesar de tener motivos para ello. Y todo ello, tras unos primeros minutos, que consiguen dos cosas. Por un lado helar la sangre del espectador, por el otro darle una bofetada en toda la cara, haciendo que desde esa bofetada todo empiece a tomar otro cariz.
Quizás la duración de la película es algo excesiva. Y seguramente esa escena final, necesaria para ser fiel a la historia real, está resuelta de manera algo torpe. Pero eso no quita, por poner un ejemplo, la brillantez en la ejecución de los flashbacks.
Personalmente, uno aplaude la facilidad de Takashi de cambiar de género. Pero no puedo dejar de pensar, en el director «molón», el de joyas como «As the gods will». Es verdad, que ya en «Lamberjack the monster», coqueteaba con el thriller, pero lo fantástico seguía latente. Aquí, se ha tirado a la piscina, con todas sus consecuencias. Y no se ha ahogado, pero tampoco ha conseguido una buena marca.

Deja un comentario