
Películas con animales atacando humanos. Dicho así, no parece nada original. Y «Hungry», no busca ser original. Quizás lo es en la elección del animal, que acaba siendo, la pesadilla de los protagonistas. Porque en la película dirigida por James Nunn, es un hipopótamo el causante de todas las desgracias.
Tenemos un grupo variopinto de personajes que deciden visitar los pantanos de Luisiana, con la idea de poder ver un cocodrilo enorme. Pero no, no es un cocodrilo lo que verán/sufrirán. El guión mete en ese grupo, las típicas amigas, la típica familia y la típica persona que deseas que la palme la primera.
Gran parte del acierto de la película, es como hizo Spielberg en «Tiburón», tardar mucho en mostrar a la bestia. Hecha con animatrónicos, cosa que es todo un detalle hoy en día. Porque queda claro que se ha querido hacer una película, con la misma esencia que en su día pudiera tener «Anaconda». Aunque aquí le falta la mala leche del clásico de 1997. Y tampoco es que el casting ande sobrado de popularidad.
Esa cuota, queda cubierta con la presencia de un Joaquim de Almeida, que se lo debe haber pasado pipa en este rodaje. Porque dar vida a una especie de viejo lobo de mar, tipo Quint de «Tiburón», es un disfrute. Sus diálogos son profundos, dotados de una seriedad que producen la risa del espectador. De eso se trata. Lo de «el único hipopótamo cuqui ,es el hipopótamo muerto», arrancó las risas, en la proyección en el Prado, del festival de Sitges.
La película, en la quiniela que suele producirse en este tipo de guiones, descoloca al espectador en relación al orden de las muertes. Y de hecho, algunas las das por hecho a los cinco minutos de empezar el «show». Otras son totalmente inesperadas. Y eso se agradece. Está claro que no ganará el premio a mejor guión. Pero como mínimo, se toma la molestía en «despistar» las ideas del espectador.
En definitiva, «Hungry» es un disfrute. El tipo de animal que necesitamos en festivales como este.

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