
Tú puedes hacer una película de terror. Tú puedes tener una buena idea. Y llevarla a la gran pantalla. Lo que no puedes hacer, es echar por tierra la idea, la trama, porque pienses que «sobrecargando» de escenas desagradables la pantalla, vas a generar más terror.
Y eso, funciona en franquicias como «Posesión infernal». Pero si tienes una buena historia, no la eches a perder con un festival de gore. No incomodes demasiado al espectador, no hagas que parezca que la trama deje de ser lo más importante. Siendo ese, en mi opinión, el gran error de «La momia de Lee Cronin».
En la trama, unos padres recuperan a su hija, desaparecida hace unos años. Pero ya no es su hija, ahora es algo distinto, algo que desconocen, pero aún así lucharán intentando «recuperarla». Todo ello tras una introducción brillante, donde pasamos de un ambiente familiar a una escena llena de tensión. Y que ya deja claro, que esto no va a ser para estómagos sensibles.
Lo que en algunos momentos, se convierte incluso en una metáfora, sobre la capacidad de cuidar cuando ya no sabemos cuidar, mantiene un alto nivel durante mucho metraje. Se tarda en entender, que es lo que está pasando y por qué esta pasando. Y eso está bien. Dos tramas, la búsqueda de la verdad y la lucha por recuperar a un ser querido. Los padres,interpretados por Jack Reynor, y una Laia Costa cada vez más internacional, lo bordan. Su actuación es totalmente creible. El dolor, el intentar acostumbrarse a una nueva situación, están perfectamente reflejados.
Pero, ¿eran necesarias tantas escenas desagradables?. Porque con ese empacho visual, consigues que el espectador se quede con eso, más que con toda la impotencia de los padres.
La apuesta por lo gore, lo desagradable, es tan exagerada, que incluso siendo conscientes del uso del humor en alguna escena, se estropea la tensión. Llegó un momento, en que pensé que estaba viendo una nueva entrega de «Posesión infernal». Y ese estilo, le queda genial a esa saga, aquí personalmente creo que estorba.
No estoy en contra de alguna escena, pero como dice el refrán: lo poco gusta, lo mucho disgusta. Y para colmo, una escena final demasiado complaciente. Que difícil es hoy en día cerrar bien una película…

Deja un comentario