
Una película, que en sus créditos iniciales, muestra la «lucha» de un espermatozoide para fecundar un ovulo, mientras suena de fondo el «Forever Young» de Alphaville, no es una película al uso.
Y efectivamente «Marty Supreme», dirigida por Josh Safdie, es todo menos cine convencional. Si tuviera que utilizar, una sola palabra, para definirla sería «eléctrica». Porque durante sus dos horas y media de metraje, no quita el pie del acelerador ni un solo instante.
Que las peripecias de un jugador de ping pong, duren para tanto metraje, manteniendo esa electricidad antes comentada, se debe en parte a tres pilares importantes. Un guión lleno de situaciones surrealistas y momentos inesperados. Visualmente mágicos. Esa escena del perro corriendo, que maravilla…
Una brillante banda sonora a cargo de Daniel Lopatin, acompañada de un ramillete de clásicos, colocados justo donde deben estar colocados. Brillante en especial, la entrada de Marty en el club mientras suena de fondo «The Order of Death».
Y un Timothée Chalamet, que a pesar de su juventud, creo que toca techo, dando vida al jugador de ping pong Marty Reisman. El abanico de matices que abarca, la intensidad que refleja ante un papel tan exigente, son de los que crean afición entre los amantes del cine. Comiéndose la pantalla en cada aparición, sólo le mantiene el pulso interpretativo, una Gwyneth Paltrow, que ojalá con este papel, vuelva a despertar el interés de la crítica y del público.
Todo el surrealismo del guión acaba volviendo adicto al espectador. Quiero decir, a más surrealismo, más disfrute. Incluso ese homenaje a «Los blancos no la saben meter», resulta deliciosa. Y todo para llegar a un final, donde queda claro lo realmente importante. Harán falta dos horas y media de metraje, situaciones surrealistas, que aparecen de la nada, creando conjuntos de mini tramas, para llegar a ese plano final digno de aplaudir.
Ojalá «Marty Supreme» se corone en la edición de los Oscar del 2026. Y como mínimo se lleve el de mejor guión original. El problema con Chalamet, es que a pesar de estar más que listo para recibir el premio a mejor actor, se convierta en un nuevo Di Caprio. Y acabe recibiendo el Oscar, por un papel que sin ser menor, quede lejos de la brillantez que lleva ofreciendo estos últimos dos años.

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