
Que Óliver Laxe es un director que ama lo sensorial, que lo magnifica todo lo posible y más, es algo que ya quedaba claro en «O que arde». Película donde el fuego, es el verdadero protagonista de la historia. Y ahora tocaba cambiar de protagonista. Ahora tocaba «Sirat».
Película que tras ser reconocida en el festival de Cannes, representará a España en los Óscar de la edición del 2026. Lo hará en dos categorías: Mejor sonido y Mejor Película Internacional. Personalmente, le veo muchas más posibilidades en la primera categoría. Pero es evidente, que simplemente estar en las quinielas ya es todo un logro. Veamos que sucede con este viaje sensorial.
La trama de la película, es bastante sencilla. Un padre, acompañado de su hijo, busca a su hija, de la que hace meses que no sabe nada. Buscándola en Marruecos, en el ambiente de las raves en el desierto.
Primera anotación: que bien dirige Óliver Laxe esa escena inicial de la rave. Como mete la cámara en todo el meollo, de manera nada intrusiva, haciéndola totalmente creíble. Donde otro podría haber pecado de buscar la espectacularidad, el director busca lo crudo, el trance que supone bailar horas y horas rodeado de gente . Con el único punto en común de bailar y vivir la experiencia.
Es tan creíble la escena, que me dices que está sacada de algún programa tipo «Callejeros» y compró eso totalmente. En el momento en que el padre entra en acción, la película se pone manos a la obra. Y se inicia un viaje por el desierto, acompañando a un grupo de jóvenes que buscan la fiesta, allí donde haya fiesta.
Es más que evidente que está es una película para ver en pantalla grande. Seguramente si así lo hubiera hecho, le «perdonaría» lo flojo de su guión. Sin hacer spoilers, tenemos una película, que suelta «bombas» de guión totalmente inesperadas. Lo cual es genial, siempre que estén bien resueltas. No diré que todas, pero que en algunos momentos dramáticos, se me escape una carcajada….
Algunas decisiones de guión, serían masacradas de ser otra película. Pero es como que lo técnico consigue «perdonar» todo lo demás. Los planos «bonitos» abundan, la trama pues no sé que decir… Seguramente hay metáforas, sentidos que se me escapan, pero a partir de cierto momento la película parece tener prisa por terminar.
Y yo me pregunto, dentro de mi humilde opinión, ¿no es mejor buscar equilibrar una película? ¿no es un error cargar todo su peso en una faceta: técnica o de guión?.

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