
Al director de «Mi amiga Eva», Cesc Gay, le encanta reflejar las relaciones humanas y las crisis personales. Ya retrató como nadie, el enfrentarse a una enfermedad grave en «Truman». Esa película que arrasó en la edición de los premios Goya, del ya lejano 2016, era hasta ahora su obra magna.
Pero es que lo que ha hecho con «Mi amiga Eva», no se queda atrás. Amparado en un casting en estado de gracia, donde destacan de manera especial, Nora Navas y Juan Diego Botto. Eva, a quien da vida Nora Navas, es una mujer casada con hijos, que acercándose a los cincuenta, decide plantearse si tal vez, se merece volver a vivir esa pasión, esas «mariposas en el estómago». Víctor, su marido, al que da vida Juan Diego Botto, es el típico hombre que busca explicaciones a todo. Sacarle punta a todos los lápices habido y por haber.
Un viaje por trabajo a Roma, hará que Eva decida tomar una decisión en relación a su futuro. Lo cual da pie a la búsqueda de esa mariposas en el estómago. Y el consabido desastre/aprendizaje que supone el carrousel de citas de la protagonista.
Nora Navas, se sale como esa mujer «pérdida», ante una situación que ella misma ha generado y las dudas que lógicamente acaban saliendo siempre en estos casos. Si ha sido un acierto, si ha sido un error, querer ser buena persona, no parecer cutre ante los hijos…
Todo con diálogos ingeniosos, secundarios cada uno mejor que el otro. Y un toque cómico que no abusa en ningún momento de los gags. Que dentro de lo cómico, hay mucha humanidad y mucho miedo.
Nora Navas, se merece el Goya a mejor actriz, porque es difícil no creerse su personaje. Es difícil no encariñarse con su humanidad. Hay que agradecer personajes como este. Hay que agradecer guiones tan humanos. De esos en los que de alguna manera, todos podemos sentirnos identificados.

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