
¿Es «La hermanastra fea» justa ganadora de la edición del festival de Sitges 2025? Está claro que sobre gustos, no hay nada escrito. Pero para quien estas líneas escribe, otras candidatas le parecían más interesantes. Hablo de propuestas como «No other choice» o «Primate».
Eso no quita, que uno aprecie la película dirigida por Emilie Blichfeldt. Porque está versión con muchas variantes, del cuento de «La Cenicienta», es un disfrute escatológico. Al mismo tiempo que un recordatorio de lo esclava que puede llegar a ser una persona de lo que quiere la sociedad.
Apoyada principalmente en la brillante interpretación de Lea Myren, la película desprende «suciedad» en casi todos sus fotogramas. Incluso en los «sueños» de la protagonista, se respira una especie de hedor.
Manejando muy libremente el cuento de «La Cenicienta», aquí tenemos una protagonista, a la que «manipulan» para convencerla de que SI o SI tiene que ser la más bella. Y conseguir el amor de un príncipe, que para disfrute del espectador, es un perfecto gilipollas. Al que como dice el refrán,le tiran más dos te… que dos carretas.
Todo para llegar a un final, donde lo más terrorífico de la película, se muestra en una mirada. Ojo, no de la protagonista, sino de quien la ha empujado/utilizado para conseguir nadar en la opulencia. Es esa mirada, una de las que al espectador dejan KO. Porque muestra una mezcla de fragilidad y desesperación, que se pueda extrapolar a otros aspectos de la vida diaria.
Para llegar a esa mirada, pasaremos por momentos visualmente totalmente innecesarios, pero disfrutables. Es divertido ver una película así en una sala de cine. Donde los excesos son disfrutados por unos y hacen apartar la mirada de otros. Semen, vómitos, órganos sexuales y un mad doctor, aparecen por la pantalla.
Eso sí, todo sin prisas. La película mantiene durante todo su metraje, una calma, una «tranquilidad», hasta en los momentos de clímax. Y es todo un acierto. Si uno piensa por ejemplo en «La sustancia», podrá apreciar la similitud entre las dos, en ciertos aspectos. Pero donde la primera aceleraba a tope, «La hermanastra fea» se toma su tiempo. ¿Hay que vomitar? Vomitemos, pero con calma…
Es evidente, que estamos ante una película gamberra, con sus mensajes, pero con total libertad creativa. Y que evidentemente no pensó en ningún momento, durante su producción, en la taquilla. Y eso, querido lector, es justo lo que el espectador necesita. Películas valientes, que podrán gustar o no, pero consiguen dejar poso.

Deja un comentario