
«No dejes a los niños solos», la propuesta de Emilio Portes, era una de las películas que más curiosidad despertaba en el festival de Sitges. La idea de dos hermanos, Matias y Emiliano, rivalizando por ser el favorito de su madre, llevado al nivel de que uno piense que el otro lo quiere matar, suena muy apetecible.
Y la verdad, es que solo por el trabajo de los dos niños, la película ya tiene el beneplácito del público. Lo que empieza como una comedia, acaba derivando en situaciones paranormales, casas encantadas, espíritus. Todo con la «sanísima» intención de que la paranoia crezca en los dos niños. Hay una parte inicial, que engaña al espectador, que piensa que las paranoias tienen una base más lógica de lo esperado.
Pero a medida que el metraje avanza, a esa lógica se le van añadiendo matices que lo enturbiaran todo. Hasta un clímax, en mi opinión demasiado precipitado, con una escena final, que tira un poco por el suelo, el buen sabor de boca que se le ha quedado al espectador.
Y supongo que esa escena final, casa con lo anterior, pero no es necesaria. Porque la descarga de lluvia, truenos, animal cabreado, sangre, gritos y demás ya han dejado al espectador aturdido. Aturdido y satisfecho, no hace falta añadir nada.
La dirección de Emilio Portes, es más que resolutiva. Teniendo en cuenta eso de que trabajar con niños nunca es fácil. La recreación de los años ochenta, tanto en la casa donde ocurre casi toda la película, como en la fiesta a la que acude la madre, es perfecta. A todos los niveles, vestuario, decoración e incluso las canciones que suenan de fondo.
Espero que «No dejes a los niños solos» funcione bien en taquilla o plataformas. Tengo curiosidad por lo nuevo de su director. Y desde luego pienso seguir la carrera de esos dos niños. Algo me dice que llegarán lejos.

Deja un comentario