
«Rich flu»: un virus que sólo ataca a los ricos. Así de entrada, una premisa más que interesante. Hablamos de una de las películas que se pudo disfrutar en la edición de Sitges 2024. Es esta propuesta dirigida por Galder Gaztelu-Urrutia. Director que nos había ofrecido, la para mí sobrevalorada, «El hoyo».
Una película que recae totalmente en el personaje de Laura. Alguien que prioriza poder y popularidad, incluso por delante de s su propia familia. Será el virus anteriormente comentado, el que dará un vuelco total a su manera de ver las cosas. O quizás no…
Interpretada por Mary Elizabeth Winstead, la inolvidable Ramona Flowers de «Scott Pilgrim vs. the world», que ofrece de manera más que convincente, los diferentes estados anímicos de la personaje. Desde la inicial sensación de frivolidad/poder a la de sentirse desamparada totalmente.
La película dividida en diferentes actos, brillará en los primeros , bajando nivel para llegar a un epilogo que sólo se salva por esa escena final. Que define claramente que la gente no cambia.
Llegaremos a todo eso, con una película rodada en diferentes localizaciones. Nos resultará curioso ver Barcelona caótica. Y al cuerpo policial de los Mossos, en plan controles. Nos parecerá inteligente, ver como el tema de la inmigración, sufre un giro de 360 grados. Como África es el paraíso…
Y veremos como en situaciones extremas, la bestia que todos llevamos dentro, asoma sin pedir permiso, ante la necesidad del momento. Todo para llegar a esa escena final, que salva la sensación, de que se está estirando demasiado el chicle.
Y todo eso, sin que en ningún momento, sepamos que ha originado ese virus, ni un mínimo intento de sospecha del motivo. Eso si, la histeria de los personajes, queda magistralmente reflejada. Como muestra, el embarque de ricos, en ese avión que los tiene que «rescatar» de la persecución a la que son sometidos.
En definitiva «Rich Flu», ganaría con algo menos de metraje. Y algo más de profundidad en que causa todo. Pero aún así, es una película más que apetecible. Gracias a su crudeza y a Mary Elizabeht Winstead.

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