
La noche del Viernes 25 de Abril del 2025, llevaba días marcada en la agenda de los fans de Morgan. La banda madrileña, con más de 10 años a sus espaldas, como parte del Festival Mil·leni, volvía a un recinto tan sagrado como es el Palau de la Música Catalana. Y lo hacía para presentar, en opinión de quien estas líneas escribe, un “Hotel Morgan” que es su obra maestra. Es el “Sign o’ the Times” de Prince, el “The Joshua Tree” de los U2. El disco que saca de dudas a los incrédulos y reafirma la fe de los creyentes.

Unos creyentes/incrédulos a los que no se les olvidará nunca, ese paseo inicial dirección al escenario, de la banda que encabeza una Nina, que reflejaba en su mirada, el sentir de toda una banda. Una mezcla de felicidad/seguridad, mientras recorrían el pasillo central, que les acercaba a su campo de batalla favorito.
Porque Morgan nació para los directos, para noches como la vivida en el Palau de la Música Catalana. Con la maravillosa ayuda de dos coristas y dos músicos, la banda de Nina, Paco, Ekain y David, se marcó uno de esos conciertos que quedan en la memoria.
Quedaba claro que la piedra angular del concierto, iba a ser la presentación de los temas que componen ese “Hotel Morgan”. Pero Nina, en uno de sus numerosos apuntes, dejó claro que sus grandes éxitos se iban a tocar también. Y en esto quiero hacer un apunte. Y es la inteligencia por parte de la banda, a la hora de seleccionar el orden de las canciones.
Me explico, todo el mundo conoce esos clásicos que son “Volver” y “Sargento de Hierro”. Conoce la carga emocional que tienen, el silencio que los envuelve y lo que provocan en el oyente. Les juro que desde la fila 16 de la platea, pude observar a una pareja en el palco, agarrados de la mano, sintiendo esos temas, “insertándolos” en el archivo de momentos mágicos que nunca olvidarás.
Y dejar esos dos temas, casi para el final del concierto, permitió que la energía que se había generado anteriormente con temas como por ejemplo “Another Road (Gettin’Ready) y “El Jimador” no bajara de intensidad ni un segundo.

Porque desde el minuto uno, desde ese subir al escenario y marcarse ese “Intro: Delta”, la banda no dejó de hacer lo que mejor sabe hacer. Encender y enamorar al público de sus conciertos. Incluso jugando con ese “Rapper’s Delight”, donde Paco López dejó claro, que aunque lo suyo con la guitarra es nivel Dios, tiene un sitio cuando se trata de rapear.
Casi dos horas de concierto, de canciones, de magia y de agradecimientos de Nina hacia el público. Cuando quien realmente tenía que dar las gracias éramos el público. Porque no es fácil crear magia en el Palau de la Música Catalana. Cuando un escenario es tan imponente, más vale que te pongas las pilas para que no te coma el escenario. Y Morgan no sólo consiguió no ser devorado, sino que fueron ellos los que alimentaron al Palau de la Musica Catalana. Y a ese público que seguramente volvería a vivir este concierto un millón de veces.

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