
“Lo bueno, si breve, dos veces buenos” dice una expresión. Y cumpliendo a rajatabla la misma, Sigmund Wilder, la banda de David Martinez publica “La desconexión”. Un EP que más allá de un preludio y un postludio, titulados “El fantasma de Judas” y “Judas suckin’ rock n’roll”, ofrece cuatro temas. Lo bastante elaborados, tanto en sus letras, como en su parte musical, como para ser tomados en serio.
Antes de la publicación de dicho EP, la banda adelantó uno de sus temas: “Tóxico”. Que tras un inicio que recuerda a la mejor época de NIN, mantiene la esencia de su anterior trabajo. Ese “Desorden”, que constataba la fortaleza de una banda en búsqueda de una identidad definitiva. Para “Tóxico” se ha comentado con la colaboración estrella de Mikel Erentxun. Que se hace dueño de la réplica, a ese tramo inicial donde la voz de David, sigue con sus letras para nada superficiales. Las guitarras funcionan y la “oscuridad/seriedad” no desfallece, a pesar de lo comercial del tema. Tengan claro que en cualquier concierto que suene este tema, va a ser difícil que los fans no aprovechen la ocasión para corear ese “tóxico, tóxico, tóxico”.
Dejando claro, que es este tema el más comercial que haya podido sacar Sigmund Wilder en toda su carrera, la banda no cae en lo comodidad de buscar reproducciones y likes. Esta es una banda que te gusta o no te gusta. Y como marca de la casa, la influencia de Depeche Mode sigue latente. Esa influencia/admiración brilla como nunca en “El circo máximo”. Un tema que nos lleva, a la época del “Songs of faith and devotion”.
Supongo que como fan de la banda de David Gahan, de ese disco que incluía joyas como “Judas”, “Walking in my shoes” y “In your room”, no puedo estar más feliz con “El circo máximo”. Ese arranque, la potencia de esa batería, los teclados y el aura que acompaña a todo el tema, son un puro disfrute. Y la voz de David es más David Gahan que nunca.
Pero ese amor, al igual que la sensatez, no evitan que la banda se estanque en esa influencia. Y para eso hay temas como “La bella Lugosi” donde las guitarras invitan a la épica en su tramo final. Y también “Cuando todo era inmortal”, lo que yo denomino una “casi balada”. Ocupa el buen sabor de boca que dejo “Ángeles” en el anterior “Desorden”. Pero se nota aquí una madurez, un atrevimiento a jugar con más instrumentos, a marcarse una letra triste, pero sin abusar de la tristeza.
Acabo esta crítica, intentando que el entusiasmo/cariño que le tengo a esta banda y a David, no les haga pensar que “La desconexión” no es para tanto. Escúchenlo, tómense su tiempo y si no les gusta, pues no pasa nada. Lo importante es amar la música. Y si uno se dedica a eso, ser sincero con lo que quiere ofrecer.

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