
Mucho ha llovido desde los años dorados de Luc Besson. El director francés es quien nos trajo joyas como “Nikita” y “León”. Abrazó también el género fantástico regalándonos una obra maestra como “El quinto elemento”. Y tocó personajes históricos como Juana de Arco. Nombro estas películas en una extensa batería de películas por todo el mundo conocidas.
Una de sus marcas de la casa es lo visualmente espectacular que resulta la violencia en sus manos. Y también que sus personajes suelen estar dotados de un carisma, que surge sin la necesidad de que sean en la mayoría de los casos gente con características poco habituales.
Está claro que en su última propuesta “Dogman” cumple con esas marcas de la casa. Y eso es al mismo tiempo su mayor acierto y peor error. La película usa el esquema de que vayamos conociendo todo lo que ha pasado anteriormente a la escena inicial de la película. Y es así como asistimos al repaso de la vida de Douglas al que interpreta de manera muy convincente Caleb Landry Jones. ¿Les hablaba de carisma? Madre mía, el personaje de Douglas anda sobrado del mismo. Volviendo al repaso de su vida, el mismo se basa en las charlas que mantiene en la comisaria con el personaje de Evelyn a quien da vida Jonica T. Gibbs.
Y es en el tramo inicial de la vida que nos cuenta Douglas donde está la brillantez de “Dogman”. Esos maltratos sufridos por su padre y su hermano, esa manera de “conectar” con los perros. Todo ese tramo es una maravilla a todos los niveles. Posteriormente ver su adolescencia y sus sentimientos hacía el personaje de Salma mantienen el nivel. Sobre lo de Salma, decir que la interpretación que nos brinda Grace Palma es digna de todos los premios del mundo. No es que su personaje ni la relación que mantiene con Douglas muestre nada que no hayamos visto antes. Pero es que el magnetismo que desprenden sus miradas y su sonrisa son muy difíciles de igualar.
Una vez hemos asistido a infancia, adolescencia y juventud de Douglas, la película empieza a palidecer. Y es una pena porque había herramientas para que eso no pasara. No se “explota” suficiente la vida personal del personaje de Evelyn. Nos dan pinceladas pero muy por encima. Sus diálogos con Douglas son brillantes pero se hubiera agradecido algo más de todo lo que le sucede fuera de la comisaria.
Luego hay que pensar en el control que tiene Douglas sobre los perros. No es control, es que puede comunicarse con ellos y su relación/fidelidad es algo recíproco. En parte no pude dejar de pensar en esa película de los ochenta, “El señor de los bestias”. Donde su protagonista también tiene control sobre algunos animales. Apuntado eso y volviendo a “Dogman”, el uso de ese control sobre los perros resulta estimulante y el espectador lo agradece. Mientras piensa en el trabajo que habrán tenido los adiestradores ante la cantidad de canes que se pasan por la pantalla y las escenas en las que forman parte vital.
Todo esto esta genial: los perros, la vida de Douglas, la infancia y juventud antes mostrada… Pero el problema es cuando toca enlazar todo eso con la escena inicial. Y es ahí donde Luc Besson debió pensar “se me dan genial las escenas violentas”. Y se casca una ensalada de tiros, perros en plan defensa/ataque y muertos. Todo esto en mi opinión enfría el alto nivel de la película. Ese cambio de registro se ve demasiado forzado y precipitado. Con lo felices que estábamos ante la vida de Douglas, ante como se las había apañado con su minusvalía física.
Para colmo Besson no contento con esto, se trabaja un cierre de la película con tintes religiosos que no le hace ningún favor a la película. Por no decir que no hay por donde justificarlo. A pesar de eso, consigue recuperar enlazando con la situación personal de Evelyn que tanto hemos querido conocer más.
“Dogman” es una buena película desde luego. Y supongo que Luc Besson ha sido consecuente con sus marcas de la casa. Eso es de agradecer, aunque en este caso juegue en contra de la película.

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