LO DE LAS PELIS Y LA MUSICA…

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APOCALIPSIS Z: EL PRINCIPIO DEL FIN

Sin conocer la trilogía del escritor Manel Loureiro me enfrento al visionado de “Apocalipsis Z: El principio del fin”. Dirigida por Carlos Torrens con producción de Nostromo Pictures y la distribución a cargo de Amazon MGM Studios.

La película vuelve a tocar el tema de una humanidad enfrentándose a un virus que convierte a la gente en una especie de zombies agresivos. El contagio como el espectador se puede imaginar se produce básicamente por las mordeduras que uno pueda recibir de uno de los infectados.

Desde que la película “Guerra Mundial Z” dejó claro que los infectados no tienen porque ir andando como si de ancianos se tratara, la acción y el frenesí se ha podido multiplicar en las películas. Y eso hace que los infectados de “Apocalipsis Z: El principio del fin” parezcan deportistas que no se cansan nunca de correr en busca de nuevas víctimas. Algo que apreciaremos en esa persecución al protagonista que montando en una moto, junto con su gato Lúculo, que es sin duda una de las mejores escenas de la película.

La película se toma su tiempo en que los destellos de violencia se hagan presentes. De una manera muy acertada, vamos siendo testigos de cómo todo se va complicando. Como los cierres de frontera, los confinamientos, los puntos de control van haciendo acto de presencia. Como las nuevas variantes de la infección van apareciendo, como todo acaba estallando… Es imposible no pensar en la pandemia que sufrimos con el Covid. Lógicamente nadie mordió a nadie, pero la sensación de falta de información, el miedo, el egoísmo (esa escena en el supermercado) son demasiado familiares.

En ese tiempo de “tensión contenida” es donde más seremos testigos del drama personal del protagonista. Un Manel al que da vida de forma convincente Francisco Ortiz. Un protagonista al que curiosamente el miedo a morir le dará ganas de vivir. A pesar de que en más de un momento su situación personal haga que quizás vivir sólo sea un acto en bucle. Sin motivaciones, sin ganas, sólo pendiente de ese Lúculo que es un roba escenas total.

Una vez la tensión no tiene motivo para seguir contenida, la violencia ya será presente aunque no se abusa de la sangre ni se buscan vísceras a lo loco. Esto no son las películas de Zombi de finales de los 70. Aquí el terror y lo realmente peligroso viene por otros lados. Y es aquí donde más brilla la película. En demostrar citando la famosa frase que “El hombre es un lobo para el hombre”. Seguramente el tramo más intenso de la película, el que más interés despierta en el espectador, es ese aunque el precio a pagar sea la falta de acción y frenesí.

Todo para desencadenar en un final que deja claro que tenemos una franquicia por delante. Si depende de su éxito en reproducciones en Amazon, no tengo dudas que habrán motivos de sobra para continuar llevando a la pantalla la obra de Manel Loureiro.

Los puristas dirán que el final no es igual al del libro inicial, pero a veces hay que tomarse pequeñas concesiones cuando se trata de un proyecto con un futuro por delante.


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