LO DE LAS PELIS Y LA MUSICA…

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LA SUSTANCIA

Cuando finalice este 2024 y se hagan las típicas listas de lo más visto, lo más escuchado, lo más viral, tengo claro que “La sustancia” estará en más de dichas listas. La película de Coralie Fargeat llevaba  meses estando en el punto de vista de los cinéfilos.  Y su paso previo por diferentes festivales sólo hacía que acrecentar el “hype” o cómo demonios lo quieran llamar. Una Palma de Oro a mejor guión en el festival de Cannes era un plus a toda esa vorágine de comentarios, esperanzas y demás historias. Y también en pensar la maravilla que era la primera película de Coralie Fargeat. Esa «Revenge» en la que ya dejaba claro que el uso del sonido y lo visual iban a ser extremos.

Voy a intentar explicarles lo que opino de esta película. Mucho que contar, mucho que cortar que dirían. En primer lugar: Demi Moore. La actriz es un ejemplo más de ese tipo de resurgir al que cada cierto tiempo asistimos. Lo vimos con Mickey Rourke en “El luchador” y algunos dicen que también lo ven con Pamela Anderson en “The last showgirl”. Aunque seamos sinceros, comparar las dos carreras cinematográficas sería un poco insultante para el bueno de Mickey.

Que Demi Moore con 61 años se meta en un proyecto como “La sustancia” es de una valentía digna de aplaudir. Creo que recordar que por ejemplo nunca había realizado un desnudo integral en la gran pantalla y aquí no tiene problemas en mostrar su cuerpo sin ningún tipo de recato/pudor. Seguramente  todo sea más fácil si uno piensa en la idea principal de “La sustancia”. Porque Demi Moore en su vida habrá visto lo cruel que es la industria del cine y del entretenimiento. Y entenderá perfectamente a que juega “La sustancia”. Como la juventud no es sólo una época en la vida de las personas. En este caso es una sentencia. Uno observa como a pesar de lo radiante que está Elisabeth (su personaje) la edad es un filtro imposible de negociar. Y tiempos pasados siempre fueron mejores.

Aunque luego ya entraré en todo lo demás, quiero que quede claro lo poderoso de lo que quiere contarnos Coralie Fargeat. Que en esa industria y en la vida en general, llega un momento en que la frase “cualquier tiempo pasado fue mejor” se apodera de nosotros. Y de nosotros depende saber aceptar/jugar con esa situación. Y llevarla incluso a algo beneficioso. Coralie Fargeat nos muestra los peligros de no querer aceptar eso, de negar lo innegable y querer jugar una partida más…

Hasta ahí  uno puede pensar que vamos a enfrentarnos a un drama, a la resignación del personaje. No sé si recuerdan la película “Truman”. En ella Ricardo Darin da vida a un actor enfermo que es consciente de que está en sus últimos días. Y en una escena en la que la enfermedad muestra sus síntomas suelta un “yo era un galán” que te deja ko en la butaca del cine. Entonces lo dicho, uno piensa que “La sustancia” va a ir por esos derroteros.

Pero ni de coña, Coralie Fargeat se saca de la manga un guión en el que la buena de Elisabeth puede como comentaba antes “jugar una partida más”. Y ahí entra Sue, el personaje al que da vida la futura estrella de Hollywood que es Margaret Qualley.  Sue es todo lo que Elisabeth quiere volver a ser. Ese glamour, esa belleza, ese estar en los focos que tanto echa de menos. Sentirse deseada y necesaria. Ser puro SEXO como esa primera grabación que tanto recuerda al vídeo musical «Call on Me». Pero para ello hay que pasar por un proceso.

Y aquí es donde el drama que creíamos iba a suceder deja paso a una contundencia visual, gore y deudora del cine de Cronenberg y Brian Yuzna.  Imposible no pensar en títulos como “La Mosca”, “ExistenZ” y “Society”. Está claro que Coralie Fargeat es fan de ese cine y está claro que no va a disimular su admiración por esas películas.  Y es esa contundencia visual la que nos va acompañando en  todo lo que acontece puramente a esa sustancia. Para acabar llevándonos a un final que si bien me ha parecido muy poético, también me ha parecido muy alocado. Que con eso no quiero decir que estropee la película, simplemente sus intenciones acaban pisándose entre ellas.

Que el final y el principio tengan tanto en común me parece la mejor metáfora posible. Que un personaje como el de Harvey al que da vida Dennis Quaid sea tan repulsivo, pero tan real a la vez, me parece indispensable. Que cualquiera de nosotros podamos entender perfectamente las motivaciones de Elisabeth, Sue y el mismo Harvey me parece un maravilloso resultado. Y es que en “La sustancia” todo el gore, toda la contundencia visual antes comentada y todos esos fotogramas que han ido circulando por redes acaban palideciendo ante el mensaje.

No estamos solamente ante una película de terror, estamos ante un drama que se ha gestado de tal  manera que era imposible que no sea de lo más comentado este 2024. Si son asiduos de festivales de cine fantástico, de terror y monstruos disfrútenla. Si no lo son disfrútenla y descubran todo eso del “body horror”. Y en cualquier caso cuando lleguen a casa mírense al espejo. Y acepten lo que ven, entiendan que todo es un proceso y que pueden ralentizarlo pero no evitarlo.


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