LO DE LAS PELIS Y LA MUSICA…

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BITELCHÚS, BITELCHÚS

36 años han sido necesarios para una secuela que nadie esperaba pero que a nadie va a disgustar. Porque el cierre de “Bitelchús” era perfecto. Y porque siendo sinceros, volver a tocar los clásicos de nuestra infancia/juventud es un riesgo que no siempre sale bien. A pesar de eso que la dirección y que parte del reparto siguiera siendo el de la primera entrega daba ciertas esperanzas a lo que podíamos encontrarnos.

Y es por eso que la presencia del trio: Michael Keaton, Wynona Ryder y Catherine O’ Hara ya era un reclamo más que suficiente para asistir en masa a las salas, como al parecer está pasando.

“Bitelchùs, Bitelchús” enlaza perfectamente con los sucesos narrados en la primera entrega. Han pasado muchos años pero alguno de los personajes va a volver a necesitar a nuestro bio-exorcista favorito. Tim Burton disfruta volviendo a hacer el cine que lo hizo famoso. Y su guion y sus personajes no han perdido un ápice  ese toque gamberro y ochentero que tan buenos resultados le dio.

Lógicamente a nuevas tramas y nuevos tiempos la aparición de nuevos personajes se presenta indispensable. Y es esta una de las grandes bazas de “Bitelchús, Bitelchús”. Porque Justin Theroux ofrece en el papel de Rory, el novio de Lydia al que da vida Wynona Ryder, un papel que se roba toda las escenas. No se puede decir lo mismo de una Monica Bellucci totalmente desaprovechada en el papel de Delores, antigua esposa de Bitelchús.

 Y no es que la actriz italiana no brille como siempre ante la cámara, es que su papel sólo sirve para aportar algún matiz a la trama. Al igual que el personaje de Jeremy al que da vida Artur Conty. Son personajes que en mi opinión, entorpecen en algún momento la película. Aunque sean necesarios para “justificar” partes del guion.

Por cierto, hablando de personajes, no puedo dejar de pensar lo bien que se lo debe haber pasado Willem Dafoe en el papel de Wolf Jackson. Definitivamente él y Rory son los personajes de los que uno más se encariña durante la proyección.

Sobre la trama, se agradece repetir esquemas vistos en la “Bitelchús” original en forma de números musicales y considero brillante la aparición de uno de los personajes de la primera entrega. Estamos hablando del personaje de Charles al que daba vida Jeffrey Jones. Por motivos que no hay porque tratar, su contratación para la película ha sido complicada. Y la manera en que Tim Burton vuelve a usar el personaje es brillante. Tanto por lo original del tratamiento como por la calidad del mismo. El mejor Burton vuelve en esas escenas.

La trama sólo se debilita por las subtramas que incluían los personajes de Delores y Artur. Pero a pesar de eso, soporta bien el ser secuela del clásico de 1988. Michael Keaton mantiene su carisma como bio-exorcista, aunque no brilla al nivel de los antes comentados Theroux y Dafoe. Aún así, no hay actor en el mundo que pudiera sustituirlo en ese rol.

A los que pudieran tener miedo de que esta secuela no aporte nada y se pueda cargar el buen sabor de boca de la original, olviden esa idea. Cierto es que es necesario haber visto el clásico para disfrutar totalmente la secuela. Pero de no ser el caso, las risas están aseguradas igualmente. ¿Está volviendo Tim Burton a la brillantez de finales de los ochenta y los noventa?

Ojalá, aunque desgraciadamente creo que el director se ha querido pegar este capricho cinéfilo. Por él y por todos los nostálgicos de ese cine suyo que nos enamoró.


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