
Eli Roth no ha descubierto nada. Tiempos lejanos aquellos en que era el “enfant terrible” del cine, poniéndonos incómodos con “Cabin Fever” y “Hostel”. Dos obras maestras que desgraciadamente perdieron todo su encanto en entregas posteriores. En el caso de la primera ni la presencia en la dirección de Ti West consiguió mantener la tensión de su predecesora. Cierto es que la película se fue a lo cómico sin ningún tipo de disimulo. Y eso hace que lo de pasarlo mal desaparezca. Y la segunda entrega de la saga “Hostel” a pesar de volver a contar con la dirección de Eli Roth, es un sinsentido que sólo se salva por la maravillosa escena que homenajea a la condesa Bathory.
Así que teniendo en cuenta que lo de sentirnos incómodos, sudorosos y agarrados a la butaca ha dejado de ser el objetivo del director, abracemos que haya sabido “ganarnos” de otra manera.
Si, lo sé, nada bueno de “Borderlands” he leído/escuchado. Pero seamos sinceros, se pueden contar con los dedos de las manos de alguien que haya perdido un dedo, las adaptaciones de videojuegos dignas.
Yo abrazo y celebro el Eli Roth gamberro, divertido. El que te trae a un Keanu Reeves defendiéndose con el concepto “pizza gratis” en “Knock Knock”. El que homenajea “Holocausto Canibal” con “The Green Inferno”. Y hace que hasta pilles simpatía por la tribu de caníbales. Y te descojones con alguna muerte. Si, lo reconozco, el primer “devorado” dando gracias antes de entender su final es sublime.
Y el año pasado llegó “Black Friday”. Una muestra más de asesino enmascarado, ejecutando una venganza y cargándose a gente que mira por donde, tampoco es que eches mucho de menos. Porque el cine slasher está lleno de jovencitos ilusos, con encefalograma plano que merece morir. Y los de esta película no es que lo merezcan, pero vamos que dos juntos no hacen un puzzle.
Lo que hace “Black Friday” diferente al resto es que Eli Roth ofrece uno de los mejores inicios que uno ha visto en el cine. Va cocinando la tensión, siendo el espectador consciente en todo momento que se va a liar mucho. Y cuando se da el pistoletazo de salida, asistimos a un festival de gritos, carreras y muertes absurdas. Todo esto hace que la entrada, en caso de haberla visto en el cine, esté más que justificada.
Es de justicia reconocer que Eli Roth va saltando de una escena a otra de manera frenética y sin que ninguna baje el nivel de la anterior. Menudo inicio señores, menudo inicio…
Luego es verdad que la película no peca para nada de original. Pero ofrece lo que ya sabíamos que iba a ofrecer. Jovencitos ilusos, muertes, muchas muertes. Algunas en las que se te escapa la carcajada y no te sientes culpable por ello. Un festival de sangre y gritos que nos lleva al esperado final donde el malo, oh sorpresa, parecía bueno.
Pero la verdad es que te da igual quien es el malo. Aquí se ha venido a ver sangre y a echarse unas risas. Como he dicho al principio queda lejos la incomodidad, los sudores y las uñas clavadas en la butaca. Y la verdad, encantado de que así sea. Este Eli Roth 2.0 mola, mola mucho.

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