
El tema de la distribución es algo tan caprichoso a veces. Sólo eso hace que se pueda entender que una película como “Aftersun”, dirigida por Charlotte Wells, se pudiera ver en tan pocas salas y en algún que otro festival.
Había leído alabanzas sobre la película y sobre la interpretación de Paul Mescal que le valió una nominación a los Oscar. Así que me he acercado a ella con la promesa de no ver una película más. De esas que una vez acabadas ya estás empezando a olvidarlas aunque sea de forma inconsciente.
Y he acabado el visionado hecho polvo. Cosa para nada esperada cuando al principio me costaba entrar en las vacaciones en Turquía de un padre y su hija. Todo eso mezclado con esa niña ya siendo mujer, que va recordando escenas de esas vacaciones. Pero todo se va madurando tan lentamente que la indiferencia de los primeros minutos va perdiendo peso para acabar dejándote ko y aplaudiendo.
Porque es verdad que al principio pensé: “ok, me encanta la poesía visual, los silencios, la idea de los recuerdos en forma de VHS, pero estoy viendo un día a día”. Como si de un documental se tratara, iba asistiendo al día a día de las vacaciones. Nada especial. Pero poco a poco los matices van apareciendo.
Matices como que la niña llamada Sophie, a la que da vida de manera magistral Frankie Corio, empieza a darse cuenta de que aunque es una niña, está cerca el momento de empezar a tener sentimientos/deseos propios de la adolescencia. Matices como la depresión escondida que lleva su padre, como no iba a estar nominado Paul Mescal con su papel de Calum… Son pequeños matices pero que dejan bien claro en qué posición está cada uno de los dos personajes. Uno abandonando la inocencia, otro no sabiendo muy qué demonios le pasa. Sus cambios de ánimo quedan reflejados de manera brutal en dos escenas con canciones de por medio. En una se autoexcluye en la otra quiere que su hija sea participe de su efímera alegría.
Sobre el tema de las canciones déjenme decirles que la selección de temas es caviar. Queen, Catatonia… Enhorabuena porque pocas veces los temas casan tan bien con lo que vemos en pantalla. Y ese “Under pressure” ya le pertenece a “Aftersun”, va a ser imposible separarlas.
Y todos los matices que cada vez son más evidentes, acaban ofreciendo un tramo final brillante aunque para nada con aspavientos. No hace falta visualmente agitar al espectador, basta con mostrarle lo necesario y dejarle que entienda todo. Que entienda ese baile, lo que quiere decir, esa oscuridad, esa búsqueda en la oscuridad.
Acabé la película pensando que Calum podríamos ser todos. Que todos queremos quedarnos en la inocencia de Sophie. Que ser adulto y ver/entender lo que no viste en su momento es una putada enorme. Necesaria para seguir adelante, pero putada a fin de cuentas.
Y piensas que a veces el cine es generoso con el espectador. Y aquí lo ha sido.

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