LO DE LAS PELIS Y LA MUSICA…

Pues aquí se disfruta y se escribe sobre cine y música. Se viven las dos cosas, disfrutadlas como yo!!!

LA TRAMPA

Corría el año 1999 cuando M. Night Shyamalan dejaba a todo el mundo con los ojos como platos con “El sexto sentido”. Su guion y ese final fueron toda una revelación y la promesa de una carrera más que interesante. En años posteriores el nivel no bajó en absoluto. ”El protegido”, “Señales” y “El bosque” apuntalaron de manera contundente el prestigio del director/guionista. Verle aparecer en pequeños papeles en sus propias películas era una marca de la casa. Y la calidad estaba más que contrastada.

Se podría decir que el cine de Shyamalan sólo lo puede hacer Shyamalan. Y es que no hay una sola película de su filmografía que no despierte la atención de cinéfilos y del púbico en general.  Dicho esto, estamos en pleno 2024 y la “dosis” de este director nos llega con “La trampa”. El mismo poster de la película deja clara la idea: 30.000 fans, 300 policias, un asesino en serie, sin escapatoria”.

Desde luego que el espectador lo tiene complicado para llegar “virgen” al visionado de la película. Pero no importa, es Shyamalan, seguro que nos sorprende. Y de entrada ya con el casting lo consigue. Uno creía haber superado lo de Dave Bautista en “Llaman a la puerta”, cuando en el mismo poster vemos que el protagonista es Josh Hartnett. Un actor que parece haber resurgido en los últimos años. Ya ha llovido mucho desde el despropósito de “Pearl Harbour”, la intensidad de “Black Hawk derribado” y la sesión de sobremesa que era “Obsesión”. El chico al que muchos descubrimos en “The Faculty” ha estado hibernando durante demasiado tiempo. Y es a raíz de su papel en el capítulo “Beyond the sea” de la serie Black Mirror cuando nuestros ojos se vuelven a fijar en él. Luego llegaría “Oppenheimer”. Pero es en “La trampa” donde es el dueño absoluto del cotarro.

Hablemos del cotarro, ya sabemos de que va esto, Un asesino en serie “acorralado” en el contexto de un concierto al que acude con su hija. Y sus tretas e improvisaciones para escapar de la “caza” que la policía ha preparado. Porque Cooper, así es como se llama el protagonista, es en el fondo un psicópata de tomo y lomo. Al que tardamos poco rato en ver como asoma la patita.

Y en esta cacería asistimos a un sinfín de situaciones dentro del pabellón donde se realiza el concierto poco creíbles. Nunca los policías han sido tan patosos y nunca un perseguido ha tenido tanta suerte. Es increíble no acabar deseando que siga evitando ser capturado ante lo divertidas que resultan ciertas decisiones del guion. Y es aquí donde el espectador tiene que ponerse serio y elegir. Porque puede ponerse en plan “purista” y no pasar por el aro ante las incoherencias del guion. Pero también puede ponerse “juguetón”, perdonar todo eso y disfrutar de Cooper, de la ingenua de su hija y del festival de situaciones que van generándose.

Lo cierto es que Shyamalan se lo ha debido de pasar pipa, llevando al espectador a situaciones de supuesta “tensión”. Lo que pasa es que cuando estiras tanto el chicle corres el riesgo de que la tensión deje paso al “a ver qué pasa ahora”. Pero no en plan intrigado, sino en plan “¿quién da más?”. Y eso va en aumento a medida que la película va avanzando. Es en su tramo final donde si el espectador se pone juguetón más se  disfruta la película. Eso sí, no hay película de Shyamalan sin momento terrorífico. Y aquí llega cuando se pone siniestro en ese pequeño homenaje a “Múltiple”.

Y yo me puse juguetón. No lo voy a negar, abracé que la idea de Shyamalan era tenernos entretenidos sin grandes quebraderos de cabeza. Pidiéndonos que no analicemos todo, buscando fallos y demás. Que disfrutemos de los momentos cómicos como todas las escenas del personaje The Thinker. Que no le reprochemos ni la escena final ni la escena en los créditos. Y que a fin de cuentas disfrutemos del mejor Hartnett. Que lleva todo el peso de una película que se merece un respeto que al parecer muchos no quieren darle. Disfruten, no busquen los fallos de guion, disfrútenlos. En el fondo no creo que sean fallos , son travesuras, Y está bien que a veces sean traviesos con el espectador y este se deje tomar el pelo de manera consciente.


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