
Quizás con permiso de “Lobezno & Deadpool” y con una secuela de Gladiator que se asomará a finales de año, podemos darle a “Twisters” el premio de película palomitera del 2024. Servidor tuvo la ocasión de verla en una sala con tecnología 4D y salió encantado. Seamos sinceros, lo de que las butacas se muevan, te “disparen” agua, chorros de viento acaricien tu oreja y ventiladores funcionen a todo meter, es una “win win” seguro. Total, ¿a quién no le gusta sentirse como en una montaña rusa? Y si encima es un sitio inesperado (léase se sala de cine) pues mejor que mejor.
En relación a lo del 4D y antes de meterme en materia con la película de Lee Isaac Chung, déjenme reflexionar en voz alta. ¿El uso de estas tecnologías matará el cine? Es decir, es toda una experiencia, pero hace que tu interés sea más por esa tecnología que por la película a la que brinda esos recursos? No sè, quizás sea un viejuno, pero hay algo de nostalgia a hacer cola para comprar las entradas. A comprar palomitas en vez de menus y al famoso “Movierecord” con tráilers de lo que el futuro iba a traer. Ahora por cada tráiler te comes dos anuncios de clínicas dentales, tiendas de flores y algún spa…
Y ahora, vayamos al lío… Primero, hagamos el favor de dejar de compararla con “Twister” de Jan de Bont y Marlene Rodriguez. A pesar de que las dos tengan un prólogo similar (siempre tiene que palmarla alguien…) y que usen un tornado que sale de la nada para destrozar un sitio pÚblico donde hay gente. En la película del 96 era un autocine, aquí pues ya lo descubrirán..
Si conseguimos olvidar/comparar la del 97, quizás así nos entreguemos antes al disfrute que resulta “Twisters”. Película que utiliza la típica fórmula de trauma previo, sentimientos que aparecen en personajes inicialmente muy lejanos y desenlace heroico acompañado en este caso de “creo que estos dos acabarán liándose”
“Estos dos” desprenden química en todas sus escenas. Y uno tiene la sensación de que Glen Powell a sus 35 años, ha venido para quedarse. Se acabaron las series, desgraciadamente creo que las películas románticas no. Ojalá sea como Matthew McConaughey que tras “pasar” por ese tipo de películas, ha acabado demostrando lo gran actor que es. Si a alguien le ofrecen un buen proyecto puede mostrará sus cualidades. Powell en esta ocasión es Tyler, el perfecto “héroe” con toques de sinvergüenza que tan bien ha funcionado siempre en la gran pantalla. Su rollo vaquero parece sacado de un anuncio de Marlboro de lo bien que funciona.
Pero para que haya química en la pantalla, tiene que ser cosa de dos. Y la verdad es que su “oponente” Kierman Shipka, en el papel de Addy, funciona perfectamente en ese proceso tan esperado de ir dándose cuenta de que el chulo en el fondo no es tan chulo. Que para sorpresa de todos es un cerebrito y que sonríe bien, pero analiza los tornados mejor.
Siguiendo con los personajes, decir que el de Javi a nivel de guión es un fracaso total. Seamos serios, sus decisiones, el intentar que el espectador piense que siente algo por Addy, esa frase final… que despropósito señores.
Pero perdonamos todo esto, con unas recreaciones brutales de los tornados. Con la capacidad de meter al espectador en el centro de la vorágine, si es en 4D ya ni les cuento. Si es verdad que uno habría agradecido menos tornados. Es curioso, porque siendo el principal reclamo para ver la película en gran pantalla, se aplica eso de que “menos es más”. Y aquí desgraciadamente es “más”. Aún así, para este espectador, el verano del 2024 pertenece a “Twisters”. No tengo nada en contra de Marvel, pero dudo que ofrezco la diversión y adrenalina que tanto he disfrutado en 4D.

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