
Damien Rugna al que ya conocimos con “Aterrados” vuelve al festival de Sitges para presentar “Cuando acecha la maldad”. Y en la presentación de la misma nos avisó de que lo íbamos a pasar más que mal. Y lo consigue, joder si lo consigue. El director utilizando algo tan recurrido como el mal metiéndose en el cuerpo de seres vivos. Algo tan recurrido como que vaya pasando de un cuerpo a otro cuerpo, aunque aquí prefiero no explicar mucho, lo de los spoilers como que no..
Y lo utiliza con una primera hora brillante, un non stop, que tiene su punto álgido en un suceso que ves venir. Sabes que va a pasar algo, lo tienes clarísimo, pero aún así consigue pillarte en el único momento que tus alertas están bajas. Sólo por esa escena uno ya paga la entrada. Pero el non stop antes comentado no acaba en esa escena, sigue durante un rato.
Y si bien es cierto, que luego la película se toma un respiro en lo frenético, no lo hace en lo terrorífico. Explicaciones, normas, soluciones y pinceladas de humor nada forzadas van pasando ante los ojos del espectador. La violencia que visualizamos no es abundante, pero cuando llega se gusta. Esa combinación de insultos, nervios y sangre casan de manera genial. Uno por un lado, se ríe con el desmadre y la locura de los protagonistas en ciertas escenas. Y luego se siente recompensando ante esa violencia mostrada.
Habrá gente que dirá que el clímax final no está a la altura. Pero es lo que comentaba anteriormente. Esa primera hora, esa montaña rusa es difícil de igualar. Y quizás el final no deje satisfechos a quienes esperaban otra explosión similar. Pero es un final que cierra bien, que muestra bien la impotencia ante lo que no se puede solucionar. Y eso a veces no es fácil demostrar en la pantalla.

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